domingo, 14 de diciembre de 2008

Blackout


Y así vivió. Rodeado de altibajos fluorescentes.
A veces más, a veces menos, pero siempre latentes.
Nunca preguntó si las cosas podían ser de otra manera.
Nunca trató de modificarlas.
Se emergió en el mar de sus sobras y se alimentó sólo de rayas. Tan insulsas. Tan ridículamente monótonas.
Ni el aroma de la sombra pudo despertar un canto de pasión.
Ni el sabor del alba pudo cautivarlo.
Sólo él y sus rayas y su monotonía diaria, le quitaron poco a poco, año tras año el fragor que le era propio.
Y así murió. Lleno de sinsabores, vacío de color. Un misterio en si mismo.
Cada tarde me recuerda su aroma y su andar.
Cada mañana me devuelve el sabor de su voz.
El resto se convierte en el alma roída de calor y un silbido enloquecedor que no me deja oir el palpitar de la respuesta que tanto esperaba...

2 comentarios:

f. quásar dijo...

las rayas no parecen tan insulsas, pero quién sabe.

Roky Rokoon dijo...

que buen cuadro, de quien es??